Noticias

Ganadores y perdedores del Mundial 2026: España conquistó una era y varios gigantes descubrieron su decadencia

España levantó la Copa. Argentina perdió la final, pero extendió una era extraordinaria. Cabo Verde construyó la historia más improbable del torneo. Noruega descubrió que podía competir contra cualquiera.

Del otro lado quedaron Francia, Portugal, Brasil, Alemania, Países Bajos y Uruguay.

Selecciones repletas de nombres, antecedentes y expectativas que encontraron distintas formas de fracasar.

El Mundial 2026 no se limitó a entregar un campeón.

También modificó jerarquías, confirmó estrellas, derribó proyectos y expuso a jugadores que llegaron con prestigio de clubes, pero no consiguieron trasladarlo al escenario más importante.

España fue la ganadora absoluta.

Pero no fue la única.

Argentina perdió el partido decisivo y aun así salió fortalecida. Cabo Verde regresó a casa sin haber sido derrotada durante los 90 minutos. Noruega abandonó el torneo sabiendo que estuvo a una decisión correcta de disputar una semifinal.

Francia terminó cuarta cuando su plantel parecía destinado a dominar. Portugal reunió posiblemente los mejores nombres de su historia y nunca pareció una candidata real. Brasil volvió a buscar una identidad que continúa alejándose. Alemania, Países Bajos y Uruguay vivieron torneos demasiado pequeños para sus camisetas.

Estos son los grandes ganadores y perdedores del Mundial 2026.

Ganadora absoluta: España, la selección que derrotó al pasado y se quedó con el futuro

España no ganó el Mundial gracias a un cuadro favorable.

Lo conquistó atravesando el camino más exigente.

Eliminó a Portugal en octavos de final. Superó a Bélgica en cuartos. Anuló a Francia en semifinales. En la final derrotó a Argentina, el campeón vigente, después de 120 minutos.

En sus dos últimos partidos venció a las selecciones que habían ganado las dos Copas del Mundo anteriores.

Francia, campeona en 2018.

Argentina, campeona en 2022.

España no heredó la corona.

Se la quitó a quienes la habían poseído.

La victoria fue además la culminación de una superioridad que había acompañado a la Roja durante todo el torneo. España controló los partidos desde la pelota, pero su dominio fue mucho más amplio que la posesión.

Presionó. Recuperó lejos de su arco. Defendió con autoridad. Encontró goles desde distintas posiciones y construyó un plantel con suficientes alternativas para resolver partidos cerrados.

Lamine Yamal y Nico Williams representaron el desequilibrio. Rodri gobernó el centro del campo. Fabián Ruiz y Dani Olmo conectaron las líneas. Pedro Porro, Mikel Merino, Mikel Oyarzabal y Ferran Torres aparecieron en momentos decisivos.

En la final, cuando Argentina defendía con diez jugadores y parecía capaz de llevar el partido hasta los penales, España no abandonó su identidad.

Siguió moviendo la pelota.

Siguió esperando.

Siguió creyendo.

Hasta que Ferran Torres convirtió el gol de la segunda estrella.

España había llegado como campeona de Europa. Se marchó como campeona del mundo, invicta y con apenas un gol recibido durante toda la fase eliminatoria.

Ya no es solamente una generación prometedora.

Es una generación campeona.

Por qué España es la gran ganadora

  • Consiguió la segunda Copa del Mundo de su historia.
  • Derrotó a los campeones mundiales de 2018 y 2022.
  • Eliminó a Portugal, Bélgica, Francia y Argentina.
  • Llegó al título sin depender de una única figura ofensiva.
  • Confirmó que el éxito de la Eurocopa no había sido un episodio aislado.
  • Terminó el torneo como la mejor selección tanto en juego como en resultados.

Perdedora: Francia, un plantel extraordinario que terminó completamente vacío

Francia llegó al Mundial con un equipo que parecía superior al campeón de Rusia 2018 y más completo que el finalista de Qatar 2022.

Tenía experiencia. Tenía profundidad. Tenía futbolistas en plenitud. Tenía a Kylian Mbappé disputando el torneo que podía consolidarlo como el gran dueño de la nueva época.

También tenía una motivación evidente.

La derrota contra Argentina en Qatar todavía estaba presente. Francia no necesitaba descubrir cómo competir en un Mundial. Su estructura había llegado a dos finales consecutivas y buscaba una tercera.

Durante buena parte del torneo pareció avanzar en esa dirección.

Pero España la desarmó en semifinales.

No fue una eliminación heroica ni una derrota decidida por un detalle. La Roja controló el partido, redujo a Mbappé, le quitó espacios al ataque francés y ganó 2-0 sin permitir que Francia encontrara una respuesta real.

La selección de Didier Deschamps llegó al partido por el tercer puesto sin energía emocional, sin orden defensivo y sin capacidad para protegerse.

Inglaterra le marcó cuatro goles durante la primera parte.

Francia reaccionó y convirtió cuatro, pero terminó recibiendo seis en el encuentro más caótico del torneo.

La derrota 6-4 resumió el final del ciclo.

Había talento suficiente para atacar incluso cuando todo estaba perdido. Ya no quedaba la estructura que durante años le había permitido sobrevivir a cualquier escenario.

Deschamps se marcha después de haber construido uno de los ciclos más importantes de la historia francesa.

Pero sale por una puerta más pequeña de la que la jerarquía de su selección parecía destinarle.

Con este plantel, terminar cuarto no puede considerarse una campaña aceptable.

La contradicción francesa

Francia produjo al máximo goleador del torneo y de la historia mundialista.

Aun así, no consiguió jugar la final.

Mbappé marcó diez goles, pero la selección perdió sus dos últimos partidos y recibió ocho tantos entre la semifinal y el encuentro por el bronce.

El problema nunca fue la falta de estrellas.

Fue la incapacidad de convertir esa abundancia en un equipo dominante cuando el Mundial entró en sus días decisivos.

Ganadora: Argentina, porque perder una final no siempre significa fracasar

Argentina fue completamente anulada por España en la final.

El campeón europeo controló la pelota, ocupó el territorio y mantuvo a Lionel Messi lejos de las zonas donde podía decidir. Argentina resistió, pero casi nunca pudo imponer el partido que necesitaba.

El físico finalmente no dio más.

Sin embargo, reducir su Mundial a esa última noche sería interpretar mal toda la campaña.

Argentina llegó mucho más lejos de lo que permitía el estado físico de varios de sus pilares.

Repitió gran parte del plantel campeón en Qatar. Cuatro años adicionales pesaban sobre jugadores que ya habían atravesado temporadas extensas, lesiones y una enorme carga de partidos.

La velocidad no era la misma. La intensidad tampoco. Algunos futbolistas fundamentales podían ofrecer momentos, pero ya no sostener durante todo el partido el ritmo que habían mostrado en 2022.

Argentina reemplazó parte de esa energía perdida con algo que nunca le faltó.

Corazón. Orgullo. Personalidad. Resistencia.

Necesitó tiempo suplementario para eliminar a Cabo Verde. Estuvo dos goles abajo contra Egipto y remontó. Suiza la llevó otra vez hasta el límite. Inglaterra estaba a pocos minutos de dejarla afuera cuando Enzo Fernández y Lautaro Martínez cambiaron la semifinal.

Una y otra vez, Argentina encontró una respuesta cuando el partido parecía terminado.

Eso la llevó hasta la séptima final mundialista de su historia.

Entonces apareció España.

La Roja realizó un gran planteo, controló a Messi, dominó el mediocampo y obligó a Argentina a perseguir la pelota durante demasiado tiempo. La expulsión de Enzo Fernández convirtió el tiempo suplementario en una misión casi imposible.

Argentina resistió hasta el minuto 106.

Ferran Torres terminó con el sueño.

Perdió la Copa, pero no perdió la dimensión de su ciclo.

Disputó dos finales consecutivas, ganó una y estuvo a 14 minutos de llevar la segunda hasta los penales pese al desgaste de su generación.

España terminó con su reinado.

No terminó con su grandeza.

Por qué Argentina también pertenece entre los ganadores

  • Alcanzó su séptima final de una Copa del Mundo.
  • Disputó dos finales consecutivas por primera vez desde 1986 y 1990.
  • Superó repetidamente partidos que parecían perdidos.
  • Compensó sus limitaciones físicas con carácter y capacidad competitiva.
  • Demostró que la era iniciada antes de Qatar no dependía únicamente de una campaña perfecta.

Perdedora: Portugal, el mejor plantel de su historia que nunca pareció candidato

Portugal llegó con nombres suficientes para ilusionarse con todo.

Su mediocampo reunía futbolistas que dominaban partidos cada semana en algunos de los clubes más importantes de Europa.

Bruno Fernandes. Bernardo Silva. Vitinha. João Neves.

Talento para controlar la pelota. Jerarquía para jugar bajo presión. Experiencia en la Champions League. Capacidad para acelerar, pausar y romper líneas.

Alrededor de ellos existía profundidad ofensiva, defensores de primer nivel y la presencia histórica de Cristiano Ronaldo.

Portugal parecía disponer de más variantes que en cualquier otro momento de su historia.

No mostró casi ninguna.

Nunca tuvo firmeza. Nunca tuvo contundencia. Nunca transmitió la sensación de ser una selección preparada para dominar el torneo.

Avanzó, pero no creció.

Llegó a los octavos de final y perdió 1-0 contra España por un gol tardío de Mikel Merino.

La derrota contra el posterior campeón permite construir una explicación cómoda.

No alcanza.

Portugal no perdió solamente porque se cruzó con España. Se marchó porque durante todo el Mundial fue menos equipo que la suma de sus nombres.

Su mediocampo debía gobernar la Copa.

Apenas la transitó.

Ganadora: Cabo Verde, la historia que convirtió lo imposible en normalidad

Cabo Verde fue la gran historia del Mundial.

Disputaba el torneo por primera vez. Representaba a una nación de poco más de medio millón de habitantes. Llegaba rodeada de curiosidad, pero sin expectativas reales de competir contra las principales potencias.

Terminó invicta durante los 90 minutos de todos sus partidos.

Empató 0-0 con España, la futura campeona mundial.

No sobrevivió encerrándose durante unos minutos. Sostuvo el partido completo, resistió la presión y demostró que podía competir contra una de las mejores selecciones del planeta.

Después avanzó hasta los dieciseisavos de final y enfrentó a Argentina.

La Albiceleste se puso en ventaja dos veces.

Cabo Verde respondió dos veces.

El campeón defensor necesitó el tiempo suplementario y una jugada iniciada por Messi para ganar 3-2.

Cabo Verde quedó eliminada.

Pero abandonó el torneo sin haber perdido ningún partido dentro de los 90 minutos y después de llevar al límite a los dos equipos que terminarían disputando la final.

Empató con el campeón.

Obligó al subcampeón a jugar tiempo extra.

Ninguna tabla puede explicar completamente la dimensión de esa campaña.

Cabo Verde no ganó la Copa.

Ganó un lugar permanente en la memoria del Mundial.

Perdedoras: Uruguay, Alemania, Países Bajos y Brasil

Cuatro camisetas con historia.

Cuatro selecciones que estuvieron demasiado lejos de aquello que alguna vez representaron.

Uruguay: Bielsa, el desgaste y una conducción que volvió a chocar con el Mundial

Uruguay quedó eliminada en la fase de grupos.

Para una selección dos veces campeona, con jugadores en las principales ligas y una generación capaz de competir, el resultado fue inaceptable.

Marcelo Bielsa volvió a mostrar los límites de una conducción que exige intensidad permanente y una adhesión extrema a su idea.

Ese modelo puede producir grandes partidos, pero un Mundial castiga la rigidez, el desgaste y la incapacidad de corregir rápidamente.

También costó caro insistir con determinados futbolistas por su pasado cuando su presente no justificaba esa confianza.

Uruguay no necesitaba abandonar su agresividad.

Necesitaba administrarla.

No pudo.

El resultado fue una selección acelerada, vulnerable y eliminada antes de la fase decisiva.

Alemania: una goleada que creó una ilusión falsa

Alemania comenzó con una goleada.

El resultado generó entusiasmo, aunque el nivel del rival obligaba a mantener la prudencia.

Cuando el torneo empezó a exigir respuestas reales, Alemania no las encontró.

Paraguay la eliminó en dieciseisavos de final después de un empate 1-1 y una definición por penales.

La caída no fue solamente prematura.

Fue vacía.

Alemania se marchó sin haber demostrado una identidad sólida, sin imponer su historia y sin ofrecer señales claras de que está cerca de recuperar su antigua jerarquía.

La camiseta continúa pesando.

El equipo ya no.

Países Bajos: una participación sin luz, personalidad ni huella

Países Bajos avanzó hasta la fase eliminatoria sin producir entusiasmo ni alarma.

No tuvo grandes actuaciones. Tampoco un derrumbe espectacular.

Tuvo algo peor.

Irrelevancia.

Marruecos la eliminó por penales después de un empate 1-1. La selección neerlandesa abandonó el Mundial sin una actuación capaz de ser recordada y sin mostrar la ambición asociada históricamente con su fútbol.

No hubo luces.

No hubo sombras.

Solo decepción.

Brasil: otra Copa buscando un fútbol que ya no reconoce

Brasil continúa sin encontrar el camino de regreso hacia sí mismo.

El problema no es solamente que no gane el Mundial desde 2002.

El problema es que cada torneo parece alejarlo un poco más de la identidad que lo convirtió en la selección más importante de la historia.

Noruega lo eliminó 2-1 en octavos de final.

Neymar consiguió marcar y extendió su historia individual, pero Brasil nunca pudo controlar a Haaland ni transformar su talento ofensivo en una actuación dominante.

Vinícius Júnior intentó asumir la responsabilidad. No pudo cargar a la selección sobre sus hombros. Raphinha no encontró influencia antes de que una lesión terminara con su participación.

Brasil sigue buscando el jogo bonito como si fuera una imagen antigua que pudiera recuperarse únicamente por evocarla.

No funciona así.

El juego que le dio cinco Copas necesitaba talento, pero también valentía, automatismos, laterales decisivos, mediocampistas capaces de gobernar y delanteros convencidos de que el partido les pertenecía.

Este Brasil tuvo nombres.

No tuvo esa certeza.

Ganadora: Noruega, la selección que dejó de ser solamente el equipo de Haaland

Noruega disputó su primer Mundial con esta generación y llegó hasta los cuartos de final.

El resultado ya era histórico.

La forma de conseguirlo lo hizo todavía más valioso.

Eliminó a Costa de Marfil y después derrotó 2-1 a Brasil con una actuación que confirmó que Erling Haaland podía trasladar su poder goleador al escenario mundialista.

Contra Inglaterra, Noruega quedó a una mejor decisión de cambiar su destino.

Tuvo momentos para ampliar la ventaja, cerrar una jugada o administrar el partido de otra manera. Inglaterra sobrevivió, reaccionó y ganó 2-1 durante el tiempo suplementario.

Noruega estuvo cerca de una semifinal.

No desde una casualidad.

Desde la capacidad de competir.

Haaland fue su principal arma, pero el torneo también mostró una selección organizada, fuerte y dispuesta a acompañarlo.

Además dejó la celebración más recordada de la Copa.

El “Viking Row”, con sus jugadores convertidos en remeros frente a la tribuna, se transformó en uno de los grandes símbolos visuales del Mundial.

Noruega llegó como una historia interesante.

Se fue como una selección que nadie volverá a subestimar.

Ganadores individuales: Messi, Mbappé y Haaland confirmaron quiénes pertenecen a la élite

Los Mundiales suelen separar la reputación de la verdadera grandeza.

Lionel Messi, Kylian Mbappé y Erling Haaland terminaron el torneo en lugares diferentes.

Los tres demostraron que pertenecen a la categoría más alta.

Lionel Messi: a los 39 años jugó otro Mundial extraordinario

Messi llegó como campeón y sin ninguna deuda pendiente.

Aun así, volvió a colocarse en el centro del torneo.

Marcó, asistió y lideró a una Argentina que necesitó de su intervención para superar varios momentos extremos.

A los 39 años ofreció un Mundial incluso más contundente estadísticamente que el de Qatar.

No tuvo la misma energía física, pero compensó esa pérdida con lectura, precisión y una capacidad todavía intacta para modificar los partidos.

Contra Inglaterra no marcó, pero participó en los dos goles que llevaron a Argentina hasta la final.

España logró neutralizarlo durante el encuentro decisivo.

Eso no reduce su torneo.

Messi disputó su tercera final mundialista y llevó a Argentina a 14 minutos de una posible definición por penales por el bicampeonato.

Su última imagen no fue levantando la Copa.

Su Mundial volvió a estar a la altura de su historia.

Kylian Mbappé: el mejor mundialista de su generación

Francia fue una de las grandes perdedoras.

Mbappé no.

Marcó diez goles en ocho partidos y ganó nuevamente la Bota de Oro.

Su doblete contra Inglaterra elevó su total histórico a 22 tantos en Copas del Mundo.

Ningún jugador convirtió más.

Lo consiguió en solamente tres participaciones: cuatro goles en 2018, ocho en 2022 y diez en 2026.

Mbappé ya fue campeón, finalista y máximo goleador histórico antes de cumplir 28 años.

Francia no consiguió acompañar su dimensión durante los últimos partidos.

Él volvió a demostrar que el Mundial es su escenario natural.

Erling Haaland: la bestia del gol llegó al Mundial

Haaland no tenía experiencia mundialista.

No necesitó adaptación.

Marcó ocho goles y fue determinante para llevar a Noruega hasta los cuartos de final.

Su doblete contra Brasil produjo uno de los grandes impactos de la fase eliminatoria. Su potencia modificó la manera en que cada rival debía defender y convirtió a Noruega en una amenaza permanente.

No pudo completar la historia contra Inglaterra.

Pero terminó su primera Copa del Mundo entre los grandes goleadores y con la certeza de que tendrá nuevas oportunidades.

Messi representó la historia.

Mbappé confirmó el presente.

Haaland anunció que también quiere dominar el futuro.

Mención especial: Cristiano Ronaldo y un récord que sobrevivirá a un Mundial discreto

La historia mundialista de Cristiano Ronaldo nunca alcanzó la dimensión de su carrera de clubes.

Ganó títulos, rompió récords y se convirtió en uno de los futbolistas más importantes de todos los tiempos.

En las Copas del Mundo, sin embargo, nunca consiguió una actuación colectiva o individual capaz de colocarlo entre los grandes protagonistas del torneo.

En 2026 tuvo poca presencia. No produjo los destellos de quien supo ser y Portugal no consiguió transformarlo en una pieza decisiva durante los partidos importantes.

Pero dejó un dato histórico.

Cristiano marcó y se convirtió en el primer futbolista en hacer goles en seis Mundiales diferentes.

Convirtió en 2006, 2010, 2014, 2018, 2022 y 2026.

El récord no cambia la valoración de su torneo.

Sí entrega una última inscripción mundialista a un icono que nunca logró dominar esta competencia como dominó casi todas las demás.

Perdedores individuales: estrellas de clubes que desaparecieron con sus selecciones

Vinícius Júnior y Raphinha

Brasil necesitaba que Vinícius Júnior asumiera el equipo.

Lo intentó.

No pudo.

Su velocidad produjo algunas acciones y su talento nunca estuvo completamente ausente, pero no consiguió transformar los partidos como lo hace habitualmente en el Real Madrid.

Brasil necesitaba un líder ofensivo capaz de tomar la pelota y modificar el destino colectivo.

Vinícius no alcanzó esa dimensión.

Raphinha llegó después de una gran temporada, pero nunca encontró continuidad ni influencia. Su Mundial terminó definitivamente cuando una lesión lo dejó afuera.

Entre los dos debían aportar desequilibrio, goles y personalidad.

Brasil quedó eliminado antes de que alguno consiguiera asumir verdaderamente el torneo.

Bruno Fernandes, Bernardo Silva, João Neves y Vitinha

El mediocampo portugués era uno de los más atractivos del Mundial.

También terminó siendo uno de los mayores desperdicios.

Bruno Fernandes debía aportar llegada, último pase y gol. Bernardo Silva, control y asociaciones. Vitinha, conducción del ritmo. João Neves, energía y recuperación.

En sus clubes, cada uno domina una parte del juego.

Con Portugal, ninguna de esas partes logró formar un equipo superior.

El mediocampo que debía controlar el Mundial no fue trascendente.

No impuso condiciones. No consiguió sostener ataques. No aceleró cuando el partido lo necesitaba ni protegió al equipo cuando debía respirar.

España los eliminó.

Pero Portugal había comenzado a perder mucho antes de ese gol.

La tabla definitiva de ganadores y perdedores del Mundial 2026

Categoría Protagonista Balance
Gran ganadora España Campeona, segunda estrella y victorias sobre Francia y Argentina
Ganadora Argentina Superó sus límites físicos y alcanzó su séptima final
Ganadora Cabo Verde Debut histórico, empate con España y tiempo extra contra Argentina
Ganadora Noruega Primeros cuartos de final, eliminación de Brasil y ocho goles de Haaland
Ganadores individuales Messi, Mbappé y Haaland Confirmaron su condición de figuras mundiales
Perdedora Francia Plantel extraordinario, cuarto puesto y final decepcionante del ciclo Deschamps
Perdedora Portugal Grandes nombres sin juego, autoridad ni verdadera candidatura
Perdedoras Brasil, Alemania, Países Bajos y Uruguay Campañas demasiado pobres para su historia y potencial
Perdedores individuales Vinícius, Raphinha y el mediocampo portugués No trasladaron al Mundial la jerarquía que muestran en sus clubes
Mención histórica Cristiano Ronaldo Primer jugador que marcó en seis Mundiales diferentes

El Mundial cambió de dueño y también de época

España levantó la Copa y abrió una nueva etapa.

La generación de Rodri, Yamal, Williams y compañía dejó de prometer. Ahora gobierna.

Argentina perdió el título, pero confirmó que su grandeza no dependía de repetir exactamente Qatar. Llegó hasta donde sus piernas casi no podían llevarla y fue empujada por el carácter de una selección que aprendió a sobrevivir.

Cabo Verde demostró que una historia pequeña puede ocupar el centro del torneo más grande.

Noruega descubrió que Haaland puede ser el comienzo de algo colectivo y no solamente una figura aislada.

Francia comprobó que ni siquiera el mejor plantel garantiza una final.

Portugal confirmó que reunir estrellas no equivale a construir un candidato.

Brasil, Alemania, Países Bajos y Uruguay recibieron advertencias que ya no pueden tratar como accidentes.

Messi volvió a desafiar el tiempo.

Mbappé se convirtió en el máximo goleador mundialista de la historia.

Haaland anunció su llegada.

Cristiano dejó un último récord.

El Mundial 2026 terminó con España levantando la segunda estrella.

Pero la verdadera medida del torneo se encuentra también en todo lo que dejó detrás.

Una campeona indiscutible.

Una finalista agotada y enorme.

Nuevos países capaces de soñar.

Viejas potencias obligadas a reconstruirse.

Estrellas confirmadas.

Ídolos que comenzaron a despedirse.

España ganó el mundo.

El resto descubrió cuál será su lugar en el que viene.